Nuestro héroe a punto de claudicar...
“Desde el momento en que vd. acepte el trato que le proponemos, pasará a estar bajo nuestra exclusiva disposición y control, cada paso que dé será vigilado por nosotros, no tendrá autonomía de actuación, su vida anterior quedará borrada, será un hombre nuevo en definitiva”.
“Es probable que se sienta vacío y maniatado, pero ¿Qué son esos pequeños inconvenientes ante una nueva vida repleta de lujo, dinero, perversión (si lo desea, esto es voluntario), mujeres (la crème de la créme, le adelanto), fama…? Y lo más importante, no necesitará suerte alguna, porque nosotros supliremos ese indefinido concepto”.
“Bueno, pues eso es todo, el resto de detalles le serán expuestos cuando vd. nos dé el sí. Por supuesto, consideramos la dificultad de darnos una respuesta inmediata, así que le permitiremos una semana para que haga sus valoraciones y será entonces, en este mismo lugar, cuando deba confirmarnos si quiere subirse en este suntuoso barco a punto de zarpar. Hasta entonces, fin del mensaje, puede vd. marcharse por donde ha venido, caballero”.
Y otro sonoro palmetazo sirvió como colofón a la escena. Abrió la puerta, echó un último vistazo hacia atrás, observando como todos los presentes le despedían alegremente con la mano y se dirigió a la salida, sintiendo un tremendo peso sobre sus espaldas.
La semana que se le había impuesto como plazo para tomar una decisión ante el ofrecimiento más importante de su trayectoria vital estaba llegando a su fin y, ni mucho menos, tenía claro nuestro hombre por dónde dirigir sus pasos.
Si bien era irrefutable que la perspectiva que se le planteaba era inmejorable, su catadura moral y sus creencias cristianas le servían de freno, por lo que su cabeza era un cóctel molotov a punto de estallar. No había hablado sobre el asunto en cuestión con nadie de su entorno cercano, pensando que solo lograría mayores dudas, además de que el citado entorno era realmente limitado.
No contaba ni con el típico “amigo del alma”, ni con ningún familiar en el que depositar su confianza…se daba cuenta ahora de lo solo que se encontraba, lo cual acrecentaba sus posibilidades de decir “sí quiero” a estos sus nuevos amigos.
Y por fin llegó el día D y la hora H. Yacía sentado en su mullido sofá de plexiglás azul cielo, vestido con sus mejores galas para la ocasión, esperando impaciente el momento de dirigirse a la iglesia de San Andrés, para fines mucho más mundanos que los habituales.
Después de una última noche de insomnio de un total de tres y varios días alimentándose nada más de café migado, porque un nudo estomacal le impedía cualquier otra ingestión, había decidido, por fin, dejarse llevar por los oropeles ofrecidos y que fuera lo que Dios quisiera. “Alea jacta est”, pensó filosófico, en ese latín que tanto le gustaba hablar en la intimidad…
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Prácticamente solo su prominente cabeza resaltaba por encima de la barra del “Orinoco Nigth Club”, una cabeza que albergaba un rostro compungido, diriase maltratado por una mezcla de vicios mundanos y malestares internos. Esa era la foto, sin entrar en pormenores, del gran Arcadius “Anatomic Bed” Montana, antaño conocido como Arcadio Keller, mientras penaba por levantar el brazo para llamar la atención de la rubia camarera en petición de otro Stonislaya con lima, el enésimo esa noche.
Acababa de abandonar, sin mayores explicaciones, una de esas “high society tables” que se veía obligado a frecuentar en su calidad del más admirado (y pingüe ganador) jugador de Poker NLHE del momento. Una de esas aburridas mesas, repletas de grandes empresarios, políticos de renombre y demás aves de rapiña, en las que ejercía de paciente anfitrión, dejándose ganar numerosas manos, esbozando dentífricas sonrisas y compartiendo cocaína de la mejor calidad, todo para el goce y disfrute de sus contrincantes, que habían pagado muchísimo dinero solo por sentarse en esa mesa con “el maestro Arcadius”.
Mucho tiempo había pasado ya desde que rebasó por segunda vez el umbral de la puerta del infierno, aquel infierno repleto de satanes vestiditos de boy scout. Casi dos años desde que decidió abandonar su vieja y anodina vida y cazar al vuelo una nueva, adornada con todas las cualidades que se le pueden pedir a una vida, pero que muy pocos pueden disfrutar.
Y a día de hoy, apoltronado en esa mullida barra de uno de los incontables clubs del imperial “Donald Duck Casino” de Las Vegas, la cabeza le daba vueltas, no solo por los efectos del alcohol en cantidades industriales, sino por las miles de dudas que le asaltaban, en forma de vacío existencial, como bien diría un psicólogo argentino o la ínclita Sofía Mazagatos.
En los inicios de su tempestuosa singladura por los procelosos mares del desenfreno, la fama desorbitada y el frenesí del placer (palabras de Arcadio, que conste, fiel poseedor, todavía, de su engolado estilo verbal), se puso a su disposición todo el utillaje necesario para convertirle, como estaba previsto, en ese irresistible modelo de jugador de cartas, nacido de la nada para llegar a ser punto de referencia de miles de corderitos ávidos de emociones nunca vividas.
Le envolvieron, de inmediato, en un atractivo envoltorio, a través de una campaña de marketing digna de Coca Cola en su eterna competencia con Pepsi. El hombrecito de Almendralejo, sin oficio ni beneficio, aparece de la nada y en cuatro días se planta en los niveles más altos de los principales softwares de Internet dedicados al póquer, llevándose, solo dos meses después de empezar a jugar, dos torneos casi consecutivos con premios superiores al millón de dólares entre ambos.
No lo hubiera necesitado, pero Arcadio recibió, desde el principio, una minuciosa formación teórico-práctica en los rudimentos del juego, sobre todo previendo su cercano y previsto salto al juego en los grandes torneos en vivo, donde el incipiente genio no solo debía serlo, sino también parecerlo.
Curiosamente y en mitad de ese aprendizaje, Arcadio descubrió que poseía, sin saberlo, un especial talento para el Holdem, con una considerable capacidad estratégica e insultante facilidad para leer el juego rival, lo cual satisfizo, más si cabe, a sus benefactores, que se encontraron con un elemento inesperado para agilizar sus propósitos.
A partir de los dos grandes “pelotazos” mencionados, que fueron fruto, por supuesto, de una maniobra perfectamente orquestada por sus “mecenas”, que dominaban a su antojo la supuesta aleatoriedad de las grandes empresas on line del juego y el azar, llegó la fase publicitaria. Tocaba mostrar a la criatura y dejar que los peces mordiesen el cebo.
Nunca se había hablado tanto de póquer, en tantos medios de comunicación y de cualquier temática como con la irrupción de Arcadio en este universo, hasta ese momento minoritario y poco difundido.
Lo mismo departía con Matías Prats en el telediario, que entraba de artista invitado en Gran Hermano 17 o se dejaba despellejar por las hienas de Farsa Rosa, interesados más por la vida que desarrollaba de puertas afuera al póquer, como era de esperar. Y es que hasta los otros aspectos de su vida fueron diseñados al detalle. Fue convertido en un gentleman conquistador, refinado en sus gustos y apetencias, fue sometido a numerosas operaciones de estética y se convirtió en un modelo de estilo y “savoir faire”.
Y el efecto que se estaba consiguiendo era el esperado, aprovechando la proverbial tendencia de la masa popular a dejarse hipnotizar y engatusar. “Que coño, si era uno de los nuestros”, “que grande este tío, pero si se comenta que anteayer como quien dice le quitaba las telarañas a las chimeneas y mírale ahora…”
Efecto conseguido. Montones de potenciales presas a punto de caer en las redes cuidadosamente dispuestas por el lobby, pero en este caso, víctimas seguras a corto, medio o largo plazo. Maquiavélica estructura, desastrosas consecuencias. Ayayay, cuanta maldad puede albergar el corazón humano…(el autor les solicita un momento de reflexión ante tamaña bellaquería antes de proseguir con tan amena lectura). Gracias.
Qué será de nuestro Arcadio...Si lo desean, pronto en las mejores pantallas...